Amar en el idioma nuevo
Hace poco me di cuenta de algo que suena simple pero me pegó bastante: hay demasiadas formas de referirse al amor hoy, y ninguna termina de alcanzar.
Llegué a esa conclusión de una manera un poco graciosa: contando parejas. O intentándolo. Porque el término novio en la comunidad gay está casi muerto, y cuando tratás de contar con esa palabra te quedás sin dedos antes de tiempo. No porque hayas amado más, sino porque el mapa ya no coincide con el territorio.
Pensalo así: podés estar hablando con alguien. Podés estar teniéndolo cerca, besándolo, compartiéndole cosas que no le contás a nadie. Puede haber exclusividad o no. Pueden ser charlas de madrugada sobre el sentido de la vida o solo buenas noches seguidos de un sticker. Eso, técnicamente, ya es una pareja, si te vas a la definición más básica de la palabra.
Pero el lenguaje que usamos lo sabe. Hay una diferencia enorme entre decir “estoy hablándome con alguien” y “estoy saliendo con alguien”. El salto entre una frase y la otra no pasa solo en la realidad, pasa primero en una conversación. La famosa charla: ¿qué somos? Como si lo que somos necesitara nombrarse para existir. Como si sin nombre fuera menos real, o más libre, dependiendo del día.
Y después está internet, que lo complicó todo un poco más, o lo hizo más honesto, todavía no lo tengo claro.
Hoy podés conocer a alguien en la otra punta del mundo y construir algo real antes de verse nunca. Una relación que empieza digitalmente, crece digitalmente, se vuelve emocional y hasta sexual sin que medie el mismo aire. Y cuando finalmente se cruzan físicamente, muchas veces la dinámica no cambia tanto. El terreno ya estaba marcado. Y si después uno se va, la distancia vuelve, y la relación simplemente continúa donde estaba.
Eso le puede pasar a cualquiera. Al romántico empedernido que tiene un playlist armado para el momento del reencuentro. Y también al que dice que no cree en el amor y sin embargo ahí está, revisando el teléfono cada diez minutos esperando un mensaje de alguien que vive a miles de kilómetros.
El internet es así de raro. Ya era bastante loco de por sí. Pero cuando le ponés amor encima, se vuelve algo diferente. Más intenso. Más extraño. Un poco más.
No sé bien qué conclusión sacar de todo esto. Solo que estamos inventando el lenguaje mientras lo vivimos. Que “estoy hablándome con alguien” puede significar casi cualquier cosa, y que eso a veces da libertad y a veces da una soledad muy específica.
Y que a mí, en el fondo, me gustaría caer enamorado.
Así, sin más. Sin tener que definirlo todavía.